Un gesto que nos invente: Dennis Stock, James Dean y una teoría sobre la amistad (*)

[Life. Amistad. James Dean. Dennis Stock. James Whitcomb Riley. Friedrich Nietzsche. Schopenhauer. Franz Overbeck. Anton Corbijn]

por Pablo Durio (@PabloDurio)

 We must get home–for we have been away
So long, it seems forever and a day!
And O so very homesick we have grown,
The laughter of the world is like a moan
In our tired hearing, and its song as vain,–
We must get home–we must get home again!

James Whitcomb Riley

Reemplaza el flash de lámpara que provoca la ignición de filamentos metálicos encerrados en una ampolla de vidrio porque cada destello lo quema. El otro le pregunta si sabe tocar la conga. Se presentan. Uno es Dennis Stock y el otro es James Dean. Ambos están en ese momento inicial que es combustión rápida pero no instantánea: flash de lámpara.

Dennis Stock mira a James Dean y encuentra en James Dean algo que todos los demás desconocemos y, más tarde, en uno de esos bares de Estados Unidos con sillones de cuero viejo y mesas pegadas y humo y olor a fritura y señoras gordas con pelo sucio que pasan reponiendo el café con una jarra en la mano y un descontento generacional y pueblerino en la boca y con el que seguramente es su marido dando vuelta una hamburguesa en una chapa observados por los tarros de ketchup y mayonesa y los servilleteros de rigor, Dennis Stock (que recién conoce a James Dean) le pregunta a James Dean qué va a hacer con todo ese talento. Dean le responde que va a quedárselo. Sonríen. Y entonces un fotógrafo de alfombras rojas desconocido que cree tener más talento que fotografiar celebridades medio pelo quiere sacarle fotos a un actor desconocido que cree tener más talento que actuar en otra de esas mierdas melosas y sobreactuadas de Hollywood y más tarde, siempre más tarde, mientras hablan por teléfono (James desnudo en su cama y con un cigarrilo en la boca y Dennis de traje apoyado sobre una pared blanca) componen la balada triste de la mejor versión de la amistad: esa cruza entre confianza y fe.

En un momento están parados en Time Square, llueve y hace frío. Dennis Stock tiene cara de no saber llevar la resaca que siente por haber tomado benzedrina y cogido con una minita rubia y vomitado sobre su hijo y James Dean, parado frente a él, con cara de haber aguantado muchas resacas y con su pelo intacto en ese caos tan ordenado, le pregunta con las manos en los bolsillos de un tapado negro con el cuello levantado por qué empezó a sacar fotos. Segundos antes Dennis Stock le había dicho que tenía una visión y que esa visión arrancaba con James Dean, que había algo flotando en el aire de Nueva York, una revolución cuyo epicentro sería él. Se están desnudando (burlándose de Nietzsche quien recomendó que era preciso no aparecer desnudo ante los amigos porque la falta de recato siempre provoca indignación y porque la desnudez sólo les es lícita a los dioses).

A partir de ahí Dennis Stock se convence de perseguir la idea de capturar para siempre a James Dean, al escucharlo hablar y al mirarlo a los ojos y al verlo entrar y salir de la superficialidad que es más ligereza que logra sobrevolar el abismo de la soledad y menos frivolidad y al fotografiarlo bajo la lluvia caminando de frente a él sin mirar a cámara. Un gesto que los inventa para siempre. Comparten sus propios monólogos internos como si esos yo y hubiesen estado dialogando con demasiada vehemencia y, ahora, tuvieran la posibilidad de ser escuchados, como si el arte naciera de la intimidad, como si buscaran una perspectiva nueva que les permita vislumbrar algo diferente a lo que les pasa y piensan, como si supieran que Nietzsche dijo que nunca se salva a otro del dolor sino de ahogarse a sí mismo y dejar de crecer, como si fuesen a vivir para siempre: Dean le cuenta de la muerte de la madre y de su Indiana natal y Stock le cuenta del nacimiento del hijo y deciden irse a Indiana a ver al padre.

Pero en Fairmount, Indiana, las cosas se complican. Dennis Stock escucha una conversación entre James Dean y el padre. La escucha al acercarse a una ventana y mira a padre e hijo en la nieve. Es de noche:

— Tu amigo es un tipo de ciudad, ¿no?
— Si con eso queres decir prepotente y dogmático, todos somos así en alguna medida, supongo
— Jaja…
Pero él es un neoyorquino. Si fuera un muñeco sería un osito con los muelles rotos. Me dio lástima cuando estábamos en Nueva York. Me seguía para todos lados como una mascota perdida— dice James Dean sin saber que Dennis Stock lo escucha y que cierra los ojos con la frente apoyada en el vidrio frío y una mueca de dolor—  Era muy gracioso.

Los dos se ríen y James Dean remata diciendo que Dennis Stock es uno de esos tipos que no pueden salirse de sus costumbres. Pico dramático. Porque la mejor manera de la amistad es todo lo contrario al amigo como un camarada, porque los valores de la amistad clásica (la lealtad y la indulgencia) no tienen lugar en esta batalla, por aquella frase que dice que en nuestro mejor amigo también debemos tener a nuestro mejor enemigo, porque los amigos se llaman sinceros pero los enemigos lo son (esto ya es Schopenhauer, Parenga y paralipómena). Y así a la mañana siguiente Dennis Stock cruza a James Dean y le devuelve el favor: le dice que está tan enfrascado en toda su mierda que no se daría cuenta ni de que su culo está en llamas, le dice que qué significa eso de que no puede salirse de sus propias costumbres, le dice que fue a Indiana porque creyó que había encontrado algo hermoso. Pero la belleza le devuelve la mirada, a él, a Dennis Stock, un tipo que dice que empezó a trabajar a los 16 y se casó a los 17 y que cuando se separó la mujer le dijo que estaba embarazada y que ahora está tras un sueño falso, una mentira montada por un actor que es un realidad un montón de mierda: él tiene Problemas Reales. James Dean, con las manos en un destornillador y un auto de juguete, sentado en la mesa de la cocina le dice que se quede. Que si fue a buscar algo hermoso se quede para encontrarlo. Le pide que no se rinda. (Lo que los separa es una diferencia: el chico que nació bajo las luces incandescentes de la ciudad y el chico que nació bajo la oscuridad incandescente de un pueblo; y otra vez la amistad y otra vez Nietzsche que aparece y dice que debemos cimentar la amistad en la diferencia y, por lo mismo, en la tensión, en lugar de hacerlo en la bienintencionada fraternidad, dice que vivir en la soledad no implica vegetar, que un buen amigo debe saber cuándo y cómo separarse y que “no es la manera en que un alma se aproxima a otra, sino en la manera como se separa, en lo que yo reconozco el parentesco y la homogeneidad que tengo con ella”)

USA. New York City. 1955. James Dean haunted Times Square. For a novice actor in the fifties this was the place to go. The Actors Studio, directed by Lee STRASBERG, was in its heyday and just a block away.Contact email:New York : photography@magnumphotos.comParis : magnum@magnumphotos.frLondon : magnum@magnumphotos.co.ukTokyo : tokyo@magnumphotos.co.jpContact phones:New York : +1 212 929 6000Paris: + 33 1 53 42 50 00London: + 44 20 7490 1771Tokyo: + 81 3 3219 0771Image URL:http://www.magnumphotos.com/Archive/C.aspx?VP=Mod_ViewBoxInsertion.ViewBoxInsertion_VPage&R=2S5RYDZMHJSG&RP=Mod_ViewBox.ViewBoxZoom_VPage&CT=Image&SP=Image&IT=ImageZoom01&DTTM=Image&SAKL=T

Stock se queda y las cosas vuelven al comienzo con la redención del drama superado. Pasean por el pueblo y un auto se para delante de James para invitarlo a un baile de graduación y James acepta porque Dennis Stock nunca fue a uno. En el baile de graduación, James Dean da un discurso mirando a Dennis y Dennis, por primera vez, baila. Baila sobre su versión del pasado que respondía con un yo no bailo ante la menor insinuación, baila sonriéndole a James Dean que toca la conga con la orquesta que anima la fiesta, baila como si supiera que la mejor definición de un amigo es ese que puede destruirte los esquemas como si te pateara constantemente el tablero de la vida y que es él, al mismo tiempo, el que se queda para ayudarte para juntar las piezas.

Finalmente Dennis Stock publica las fotos en la revista Life el 7 de marzo de 1955 y se convierte en uno de los fotógrafos que pasa a la historia y encuentra su hogar.

Y antes, mucho antes, en octubre de 1888,  Franz Overbeck se preocupa por el tono de las cartas de su (mejor) amigo Friedrich Nietzsche (quien también le escribió a Köselitz: “por favor, venga” en medio del terror y los aullidos y los gritos y las lágrimas de la locura que lo consumía); pero ahora que el señor-amigos-lejanos necesitaba uno cercano, ni Franz Overbeck ni Peter Gast Köselitz acuden. El 25 de agosto de 1900 el filósofo que en toda su diatriba en contra de la amistad no tuvo en cuenta la compasión (compasión como com-pathos del otro, como hacer propia, por un momento, la pasión del otro [o como fotografiarla]) muere.

Y James Byron Dean hace lo propio en un accidente de auto el 30 de septiembre de 1955 después de haber vuelto a casa por última vez con Dennis Stock y después de haber aparecido en la foto que crearía para siempre a ese actor que fotografía mejor de lo actúa.

Tenía 24 años.


(*) N. del E: Nota basada en la película Life, 2015, Anton Corbijn.

 

 

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