#4 Una despedida a mis neuronas

[Cartas de amor. Neuronas. Aburrimiento. Cerebro. Corazón. Amor]

Un día nos propusimos escribir cartas de amor, esta es la número 4.
NEC

Autor: Gonzalo Zanini (@gon.zanini)
Ilustración:  Ile Blanco (@kanishcat)

Queridas Neuronas:

No sé cuánto tiempo van a aguantar. Las sobrecargo demasiado. Me convierten ahora en el personaje cliché de una película romántica poco creativa que vomita unas palabras incomprensibles con la intención de dictaminar el fin de la relación. No es que las haya intoxicado con sustancias y excesos de cualquier tipo: les otorgué el beneficio del tedio y del aburrimiento, de una vida controlada entregada a convertirse en la versión no auténtica de personajes prefabricados que deambulan a centenares en la sociedad y que son un parámetro confiable para dar cuenta del proceso de deshumanización al que las sometí. Es como dejarse seducir por el destello vacuo de cosas secuenciadas en instantes efímeros para olvidarme así del contorno opaco y resistente de Las Cosas Que Verdaderamente Importan. Así, y por muchos otros factores más, se hace evidente el punto crítico al que llegaron ustedes, violentadas Neuronas. Es una decisión tomada: es momento de dejarlas ir. Esto es una carta de despedida. Un hasta nunca. Por el bien de ambos. O por el bien de ustedes, que sufren más que ninguna otra parte del cuerpo el deterioro de días que dinamitan en mil pedazos la capacidad de entender el mundo, de encontrar y disfrutar las maravillas escondidas en lo cotidiano y en lo singular, y la capacidad de comprender lo que pasa adentro, en ese lejano compañero, ahora muy lejano y totalmente enemistado, que es el Corazón. Asediadas constantemente por la acumulación de días sin sentido, me sorprende en realidad que no hayan huido en el primer tren que saliera a Ninguna Parte. Aprecio el gesto de quedarse, de resistir en vano con la intención de presenciar algún cambio que sirva de salvavidas en este océano de nulidad existencial. Pero mis queridas neuronas, hasta acá llegamos. Es difícil poner en palabras el malestar que ustedes padecen, malestar expresado por medio de estos dedos que atacan sin mucho estilo el teclado de la computadora y que cumplen el objetivo de abandonarlas. O de abandonarme a mí mismo, y encerrarme en una versión que no sea tan dañina con mi cerebro. Por eso esta relación se termina acá, pongo el punto final, con la intención de que a partir de ahora disfruten de la vida, abracen la belleza de un día soleado y se amiguen con el Corazón. Yo voy a estar bien, con la tranquilidad de que el dolor no las acecha más, y dispuesto, quizás, en un futuro, a tomar algún café en un bar pintoresco. Pero por el momento, las dejo libres, ajenas al monopolio de mis decisiones. Ya está. No quiero demorarlas, pueden irse. Sin ningún rencor, atentamente,

 

Gonzalo.

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