Una historia de amor: Cuando Crumb interpretó a Bukowski

por Favio Campos (@FavioM_Campos)

Siempre me pareció interesante escuchar las anécdotas de cómo conocieron a sus escritores favoritos, y sobre todo el punto en el que llegás a interpretarlos e identificarte con ellos. Porque conocer no es lo mismo que interpretar, y de seguro muchas veces forzamos esas identificaciones para sentirnos más cerca de nuestros autores. Pero eso no fue necesario para Robert Crumb, el único fuera de la literatura que llegó a captar el mundo sórdido y empobrecido que narraba Charles Bukowski en sus historias, y que entre 1975 y 1984 ilustró tres relatos del padre del realismo sucio.

Cuando tenía unos 14 o 15 años, había cerca de casa una biblioteca popular llamada Alfonsina Storni (como el 85% de las bibliotecas de barrio de toda Latinoamérica). Recuerdo que iba por las mañanas y tenía que subir por una calle de tierra empinada y bastante desastrosa, cruzar por un caminito en donde la mujer de junto dejaba una cabra atada que atacaba a quién sea que pase por ahí. Aunque uno podía tomar otra calle, estaba esa absurda adrenalina juvenil que te hacía pasar una y otra vez por el mismo lugar. Primero lento, para que no se despierte, y luego rápido para evitar ser embestido, hasta salir del camino y que la soga le impida seguirte.

Al llegar tenías que golpear las manos para que te abrieran. Era una habitación pequeña, hacías tres pasos y te topabas con la pared. La encargada era una chica de unos 30 años, que hablaba como si toda la literatura que había consumido en su vida fueran cuentos de Disney. Había unos estantes llenos de libros amarillentos y con un importante aroma a fluidos de gato, todo un Saigón para los alérgicos. Con un carnet de cartón mal impreso, solía llevarme novelas bélicas o de detectives pocos cerebrales. Hasta que un día visualicé el  libro de poemas de un tal Charles Bukowski. Su nombre sonaba importante, como de filósofo socrático o algo así, y creía que leerlo me llevaría a comprender el significado de la vida, del universo todo. Pensaba memorizar algunas citas para alardear mi intelecto ante mis compañeros de colegio. Pero no, descubrí una nueva manera de ver el mundo.

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Fácilmente esa pequeña anécdota puede ser ilustrada por Robert Crumb. Me dibujaría con un sobrero en unas calles agrietadas rodeadas por postes de luz a punto de caerse, con cables eléctricos que guían desalineados un barrio empobrecido. Le dedicaría un recuadro en primer plano de mi frente sudorosa esperando el momento de enfrentar a la bestia, luego corriendo cubriéndome el culo mientras la cabra apunta a mi coxis. En la biblioteca retrataría al gato, un tanto perverso, lambiéndose sobre El Proceso de Kafka, y de seguro sabría cómo graficar el aroma que emanaba ese lugar. Claro que en esa versión yo terminaría violando a la cabra o al gato y molestaría a la obesa e histérica encargada, luego le pediría disculpas tocándole las tetas o metiendo mi mano en su pantalón hasta que terminemos a las piñas. De seguro acabaría baleado por su padre o algún novio celoso.

O también podría pertenecer a una serie de relatos de Bukowski. Un hombre solitario que camina en las mañanas en busca de un libro para rellenar su vida por la falta de trabajo, mirando en el camino lo que la precariedad laboral hace en las caras de las personas. Le tiraría botellas de cervezas vacías a la cabra, y la miraría como miro a mi vida, amenazante y capaz de romperme los huesos en cualquier momento. Frustrado, intentaría buscarme entre los estantes desfallecidos y mal olientes de la biblioteca, para canalizar esa locura que insiste en llegar. Y sí, en esta adaptación entraría ebrio a la biblioteca y coquetearía con la encargada, intercambiaríamos insultos que terminarían con los dos cogiendo sobre ese mueble viejo para televisores que usa como escritorio, mientras le pido disculpas con un cunnilingus  por haber olvidado el libro de Tolstoi en el colectivo.

Ven, a eso me refería con forzar las líneas para identificarse en las obras ajenas. La anécdota es real, pero sucedió en un universo totalmente diferente al de ellos. De hecho, ellos dos, no tuvieron una historia o modo de vida similar. Robert Crumb heredó la parte perversa del hipismo de los ´60, y dio a luz a Zap Comix, la primera historieta underground, nacida y curtida en la San Francisco alucinógena y mugrienta. Charles Bukowski, por su parte, era un alcohólico bohemio sin ninguna afinidad política que vagaba de bar en bar a los golpes en busca de sexo e historias para contar. Pero hay varios puntos en donde ambos se admiraban mutuamente y se alineaban como almas gemelas, y en donde el creador del Gato Fritz se convierte en el vocero visual de los tugurios de Chinaski.

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En ambos artistas siempre están presentes las mujeres y su relación con ellas. El sexo y la violencia van de la mano, y aunque Crumb siempre lo tome desde un lado más jocoso y enfermo, Bukowski lo plantea desde el drama y la melancolía, que bueno, sí, es también enferma. En “Tráeme Tu Amor”, el historietista retrata a una inestable Gloria, quien está internada en un psiquiátrico por los constantes ataques de celos que ejerce sobre su marido Harry, el cual cuenta con un aspecto muy parecido a la del escritor. La sintonía de las palabras y los dibujos es maravillosa, las emociones de tristeza y de desidia frente a una relación rota, la autoflagelación, las figuras femeninas imperfectas, y el ambiente desalineado de un hotel que sirve como epicentro de una pelea física y burda entre el protagonista y su amante.

Y también el fracaso baña las historias de ambos. Los perdedores, personajes que amo, siempre reciben un lugar de privilegio en las narraciones. A veces hablan no de esos perdedores que jamás lograron conseguir algo, sino de los otros, los que llegaron a la cima y no supieron administrar el éxito, y que finalmente se vieron degradados de la manera más triste. Como el viejo cómico Manny (otra vez Bukowski dibujado) de “No Funciona El Negocio”, a quien no le queda más que observar el paso del tiempo que se carcome su profesión y su alma. Un comediante que ya no hace reír, trabajando para hoteles baratos por centavos que le consigue su amigo Joe. No le queda más en su vida que enfrentar un público provocador y violento mientras pilotea su alcoholemia. El diálogo entre los lápices y las letras acá encuentran su máxima expresión.

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El alcohol, la obsesión por el sexo, la perversión y el miedo a perderlo todo confluyen en los lugares nocturnos, que siempre es mejor visitar con amigos que comparten el mismo vicio de la depravación. El escritor nos da una inmersión a la juventud que creció en medio de la Gran Depresión del 29´en “Bop, Bop, Contra El Telón”. Tres amigos que se juntan los domingos de verano y salen a espiar parejas teniendo sexo, visitan strippers y deambulan sin rumbo entre juegos y peleas callejeras frente a sus padres, buscando darle sentido a las vidas miserables que les tocó, siempre con la ilusión de una existencia menos gris y aburrida. Crumb y sus siempre voluptuosas y caderonas mujeres nos relaja de tanta melancolía de la prosa bukowskiana, en donde entre sonrisas nos presenta el padecimiento de la frustración adolescente en plena crisis económica.

Crumb resumió la admiración por Hank al decir: “Para mí dice las cosas como hay que decirlas. Creo que para ser un artista o escritor en el mundo moderno hace falta una fuerte dosis de alineación. Si sos muy equilibrado, no tenés nada interesante para decir”. Y aunque decir las cosas como hay que decirlas, directas y brutales, en sus épocas estaba mal visto, supieron acumular toneladas de adeptos a su sucia visión de la vida. Y obviamente compartieron los mismos enemigos: los defensores de la moral y las buenas costumbres, las feministas, los gays, la seguridad policial, etcétera. Pero a su manera, siempre supieron sortear las censuras y dejaron una huella importante en cada uno de sus estilos e industria. Uno hace más de 20 años que ya no lo tenemos, al otro, aún lo mantenemos entre nosotros, sin producir, pero todavía viviendo de sus días de gloria.

 ***

Nota 1: Hay un hermoso documental de 1994 titulado “Crumb”. Fue dirigido y producido por Terry Zwigoff, director de Ghost World, historia de la que hablé en el artículo anterior.

Nota 2: También Chinaski tiene un gran documental: Bukowski – Born Into This. Recomendable.

Nota 3: Me olvidaba, la recomendación más importante ¡Lean sus obras! Si no los conocen, descubrirán a dos excelentes cronistas de una Norteamérica sucia y psicótica que se mueve por la carne y el alcohol.

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